Nació el 04 de Enero de 1988 y falleció
el 27 de diciembre del 2005
Dedicatoria
Gaby
15/01/06 11:46pm
Hola dulce princesa,
este es mi póstumo homenaje,
desde lo más recóndito…
de mi triste y apesarado corazón.
Para tu gentil sonrisa,
tus gráciles manos de niña,
tu boquita de fresa.
Es mi corazón, que
con poesía
con batir de alas de golondrinas,
alegre te recuerda,
con cálido trino de ruiseñores,
con poesía tatuada a mí te lleva.
Eres la más bella flor
del jardín de mis ilusiones,
sorber quise, la dulce miel de tus ojos,
inspirar quise tu poesía…
mas fuiste tú la gentil
musa generosa
quien rozó mi alma con la mirada,
dulce de dulce niña; tú, mi princesita, mi rosa,
mi estrella, mi sutil mariposa
quien inspiró mi nocturna canción.
Sabes princesa, ¡tu
tierno rostro…
En mi corazón no puedo olvidar…!
¡Dios me escuchará, tú de mí le has de hablar
y todos nosotros!
Mis Plegarias Nocturnas son
para ti,
extraño tu cabello bonito…
¡rezaré más a Dios…
Y tú, cuida desde lo alto a mi angelito!
Toda ella
A la memoria de Milena
Gabriela Arteaga Trejos
Era una linda sirena
que del mar se había escapado,
era tan linda… tan linda
que el mar se puso celoso.
Tenía tez nacarada
y ojos de dulce mirar
cabellera lacia oscura
y sonrisa angelical
toda ella, era fragancia
toda ella, toda ella…
era de sutil prestancia
con luminosidad de estrella.
Una mañana soleada
a un paseo en la playa
se fueron alegremente,
y en el vaivén de las olas
se columpiaba su cuerpo.
Poseidón emerge de pronto
en medio del mar azul
y contento dice a la niña:
“Princesita vuelve al mar
Y dale tu aliento y tu suspirar”
En el fondo de este mar
tengo un palacio de cristalinas rocas
y una carroza de concha nácar
adornada con perlas y corales.
¡Vuelve al mar, tú serás ahí la reina!
La dulce niña responde
Al augusto Poseidón:
“Primero, he de ascender
Adonde está mi creador”
Y una estrella iré a prender
en el combo azul del cielo.
¡Ahí donde todo es luz
Y reina el amor!
Y a ti inquieto mar
te dejo mi aliento y mi suspirar,
te regalo mi última poesía
que hoy escribiré en la arena
y aquella dulce niña
que de gracia era llena,
toda ella… Toda ella era poesía.
Aún resuena en los oídos
de aquella madre y abuela
la música de aquel sonoro beso
que aquella dulce niña
tan bella como la aurora
cada mañana y en todo momento,
depositaba con cariño en sus mejillas.
Pasará el tiempo… Mucho tiempo tal vez,
pero y el recuerdo y la imagen
de aquella dulce niña quedará
grabado en piedra blanca
… ¡En la memoria y en el corazón!